Planeta JOY

03.08.2017

La birra en movimiento: el auge de los beer trucks

Dos modas se juntaron para crear una nueva tendencia. El combo de cerveza artesanal y foodtrucks dio lugar a las combis y los camioncitos que recorren Buenos Aires, estacionan en eventos y reparten pintas desde sus canillas.

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Si cada vez encontrás más cerveza artesanal en eventos les tenés que agradecer a ellos. A los visionarios emprendedores que vieron que si los foodtrucks eran tendencia y el mercado de la cerveza estaba explotando, la suma de ambos tenía que funcionar. O, analizado desde una óptica más nómade, los que no querían encerrarse en las cuatro paredes de un bar y prefirieron que la vista desde su barra fuera siempre distinta.

Así, desde hace poco más de dos años empezó a verse en ferias, en fiestas, en lugares públicos y en eventos privados un nuevo tipo de foodtruck. Los beer trucks lograron que toda congregación gastronómica tenga ahora su patio cervecero, con variedad de marcas y estilos para inundar campos. Son un nuevo modelo de negocio para fábricas de cerveza y para bares, son un cable a tierra para cerveceros que no quieren la quietud del bar, y son embajadas móviles para las marcas de cerveza que ahora son conocidas en lugares donde no tienen ningún punto de expendio.



Diríamos que el beer truck llegó para quedarse, pero esto -además de ser un lugar común- sería un error. Porque el beer truck llegó, precisamente, para irse, luego llegar nuevamente y luego irse en su infinito derrotero cervezal. Estos son algunos de los que verás estacionados y despachando pintas.

BAR MÓVIL
Todo empezó con un tráiler de feria abandonado. Sus dueños anteriores lo usaban para vender flores y plantas. Leo Marín, uno de los maestros cerveceros de The Mula, lo incorporó a su plan de sacar a pasear su marca por eventos, le instaló siete canillas de cerveza, lo empezó a refaccionar y lo dejó, nuevamente abandonado, en Tigre. Alejandro Gagliardi, que ya había tenido un bar y no quería más estar atado a un lugar específico, se sumó al proyecto con la misión de reacondicionar el tráiler. Cuando lo fue a buscar a Tigre lo encontró con marcas de inundaciones y lejos de su mejor momento. Hoy el Bar Móvil, una marca asociada a la cerveza The Mula pero independiente, cuenta con catorce canillas y recorre el país con litros y litros a cuestas. Alejandro recuerda los primeros eventos del Bar Móvil en Uribelarrea, Quilmes, Villa Maipú, cuando el beer truck aún era una novedad. Era 2014, el boom de la cerveza artesanal estaba recién empezando a dar sus primeros sacudones y él se sentía un evangelista, llevando el mensaje a lugares donde no había otra opción de cerveza que la industrial masiva. Hoy el Bar Móvil suele llevar Pilsen, Honey, IPA, Dry Stout, Scottish o Porter, y ocasionalmente una de trigo, una Bitter o una Barley Wine. Trabaja principalmente con The Mula, pero también invita a cervecerías chicas emergentes.

MALTA SANTA 
Si bien Malta Santa nació como un club de cerveza artesanal, sus dueños tuvieron el beer truck en la cabeza desde el minuto uno. La posibilidad de salir a recorrer el país haciendo lo que les gusta y con una inversión menor a la que requeriría abrir un bar les parecía tentadora. Según Sebastián Hurtado, la idea que tuvo con su amigo Sebastián Bouquet era encarar la propuesta concentrándose en el maridaje entre varios estilos de cerveza y de comida. Para eso se asociaron con el chef Juan Grisolía y armaron una experiencia integral en la que suelen ofrecer combos entre platos y estilos específicos. Empezaron trabajando con Honey, Golden, Scottish e IPA de las cervecerías Goyeneche y Nekhen Hoffman, pero al igual que en el club su idea es rotar a los productores y no casarse con ninguna marca. Aunque la rentabilidad sea mayor en los grandes eventos de Buenos Aires, los socios de Malta Santa coinciden en que donde más se disfruta el beer truck es en eventos fuera de la capital, donde la gente los recibe con alegría y donde notan aún más cómo el consumidor sale de la estructura, prueba cosas nuevas y aprovecha la experiencia. 



LA LOGIA 
Pablo Erli suena orgulloso cuando dice que La Logia es el primer foodtruck con canillas incorporadas a la estructura del vehículo. Se trata de una Kombi de 1982 que un vecino de su barrio usaba para irse de campamento con su familia. Cuando sus hijos crecieron y empezaron a armar sus propios planes de vacaciones, la camioneta quedó en desuso y Pablo la compró para destinarla a mejores fines. En sus tres canillas suele conseguirse cerveza de Cork, Peñón del Águila y Kingston, y las variedades más exitosas son habitualmente las rubias y rojas suaves (Golden, Kölsch, Scottish, Irish) y las IPAs, principal bandera de la revolución de la cerveza artesanal. Pablo prefiere evitar los estilos oscuros (Stouts, Porters) después de confirmar en reiteradas ocasiones que son los menos populares en los festivales. Además de los eventos, hoy se los puede encontrar en el patio del Centro Cultural Recoleta. Como oferta gastronómica, La Logia tiene las cosas muy claras: chacinados, pulled pork, brisket y carnes ahumadas. Como dice Pablo, refiriéndose a la estética de la Kombi: “La gente va a ir una vez a sacarse la foto, pero va a volver si comió bien”.

THE CRAFT BEER TRUCK
“Es una revolución en el paladar de la gente”, dice Ezequiel Parrilla. Junto con su hermano Gonzalo y su amigo Juan Walsh son dueños de The Craft Beer Truck, una ex ambulancia Mercedes Benz de 1995 que ahora sigue salvando vidas, pero en sentido metafórico. Equipados con seis canillas, trabajan con varios productores rotativos: Baum, Rambla, Ogham, Cheverry, Berlina, Kraken, Beata, Vicentina y Cork entre otros. Habitualmente ofrecen Pale Ale, IPA, Golden, Weizen, Stout, Porter y Scottish, pero no le tienen miedo a seguir a los cerveceros en sus experimentos e innovaciones. Los propios dueños son sommeliers de cerveza, y eso los ayuda en dos misiones importantes. Una, seleccionar muestras de calidad para ofrecer en los eventos a los que los convocan. Y dos, poder sumarse a la creciente demanda de información de su público, que ya no se conforma con cualquier cerveza que se le ofrezca sino que empieza a conocer estilos y a reconocer virtudes y defectos en una bebida hasta hace no tanto tiempo simple y sencilla. 



MCCOY BEER TRUCK 
Ahí, entre la nostalgia y la épica clandestina, se encuentra McCoy Beer Truck, bautizado en honor a Bill McCoy, un vendedor clandestino de alcohol en Estados Unidos durante los años 20, época de prohibición y contrabando. Cuenta la leyenda que McCoy, a diferencia de sus colegas, no le pagaba a la mafia ni a la policía y no adulteraba sus bebidas. McCoy era sinónimo de calidad y se consideraba a sí mismo “un delincuente honesto”. Jamás hubiera imaginado que tantos años después tres amigos le iban a poner su nombre a una Estanciera de 1957 y que perpetuarían su legado en tiempos en los que la fabricación de bebidas alcohólicas artesanales ya no tiene nada que ver con la ilegalidad. Según cuenta Gianni Papini, uno de los tres socios, la historia de la Estanciera es accidentada. Impulsados por el gusto de ir a ferias a comer y beber decidieron zambullirse al mercado sin saber nada de mecánica ni de cerveza. Sabían qué clase de camioneta querían, pero las que encontraban estaban en pésimo estado o costaban una fortuna. Hasta que dieron con un payaso animador de fiestas que necesitaba el dinero con cierta urgencia y tenía lo que hoy es el McCoy en relativamente buen estado. Los nuevos dueños se entusiasmaron y, mientras aprendían rudimentos de mecánica, lo llevaron a Quilmes para plotearlo. Una semana después, volviendo a Capital, fundieron el motor por primera vez. Habían olvidado ponerle aceite. Así es la historia de Gianni, Bruno Restuccia y Fernando Caniletti, que tuvieron que atravesar muchos más obstáculos antes de tener su negocio funcionando. Trabajan con Wesley, Lather, Autora y Bierlife entre otros, y generalmente ofrecen Golden, Irish, IPA y Stout. Y sostienen que si Bill McCoy viviera, tendría un beer truck.



MALIBU: PINTAS Y SURF
Lucas Valencic y sus socios vienen del mundo de los foodtrucks. Forman parte de la Asociación Argentina de Gastronomía Móvil y lo suyo es la comida. El propio Lucas admite que su origen como gastronómico no es cervecero y que llegó a meterse en ese mercado por cuestiones de tendencias y demanda. Pero cuando hubo que hacerlo investigó, y encontró su inspiración en un negocio en Sidney, Australia. Tomando esa referencia estética, adaptó una Kombi de 1984, le instaló canillas, una pantalla en la tapa que descubre la barra cuando el furgón está en funcionamiento y una barra construida a partir de una tabla de surf adaptada. Así nació Malibu, que intenta recrear la estética surfer australiana, pero con cervezas de Zona Norte. Empezaron trabajando con Portlander y sus estilos de cabecera son la Pale Ale, IPA, Honey, Scottish, Irish y Stout.

Por Nicolás Salvarrey